AI Tech Magic
Un sitio web para una consultora de IA que vende a quienes dirigen plantas de producción

AI Tech Magic crea asistentes que responden a las preguntas de los operarios a partir de los propios manuales y procedimientos de la planta, y muestran la página de la que procede cada respuesta. Sus compradores son jefes de planta y responsables de operaciones. Han oído hablar mucho de la IA y han visto muy pocas pruebas de que funcione. El sitio web tenía que conseguir que ese público aceptara una llamada de treinta minutos.
La mayoría de los sitios de consultoras de IA se dirigen a tecnólogos. Este tenía que dirigirse a alguien responsable de una línea de producción: una persona práctica, con poco tiempo y recelosa de cualquier cosa que pueda darle a un operario una respuesta equivocada. Ese lector quiere saber qué obtendría, cuánto cuesta, quién está detrás y qué ocurre cuando el sistema no sabe algo. Un sitio que evita esas preguntas lo pierde.
Escribimos y diseñamos el sitio en torno al problema del propio comprador. El titular lo describe en sus términos: conocimiento que vive en la cabeza de las personas y en hojas de cálculo. Nada en la primera pantalla menciona un modelo o una plataforma.
A partir de ahí, la página responde a las preguntas en el orden en que las hace un comprador cuidadoso: cómo funciona, cuál es la oferta, qué se ha construido antes, quién hace el trabajo y qué cubre un desarrollo a precio cerrado. La oferta está acotada a propósito: un departamento y un asistente en funcionamiento.
Las promesas son prudentes y los límites se dicen abiertamente. La página de demostración explica qué demuestra y qué no.
El diseño es sencillo. Titulares con serifa, texto sin serifa, negro y un blanco cálido, y un acento dorado. Hay una sola llamada a la acción, repetida: reservar una llamada de treinta minutos.
La página de inicio se abre con la situación que reconoce cualquier planta: el conocimiento de las mejores personas está en su cabeza y en sus hojas de cálculo. La línea de debajo dice qué hace la consultora al respecto, y la siguiente, de dónde viene la experiencia y para quién es.
La página completa sigue el razonamiento del comprador. Muestra al asistente respondiendo a partir de un manual, nombra el problema del experto que no está de turno, presenta una única oferta de alcance cerrado y después aporta las pruebas: resultados anteriores, la trayectoria del fundador y el equipo. Termina con las objeciones habituales, respondidas directamente.
Una demostración que reconoce sus límites
La página de demostración promete una sola cosa: una respuesta cuyo origen puede comprobarse en el manual. Enumera lo que cubrirá una sesión guiada, incluida una pregunta que el asistente debería negarse a responder. También dice con claridad que la demostración usa manuales públicos y no valida el sistema para los equipos del propio visitante.
Una sección de notas independiente recoge los textos del fundador sobre la IA basada en fuentes y sobre cómo juzgar cuándo un sistema está listo. Está separada de las páginas comerciales, con su propia suscripción, para que los textos se lean por lo que son.

El sitio le dice a un jefe de planta qué obtendría y qué no haría el sistema, y le pide treinta minutos.
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